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Crisis de los 40 en los hombres

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No solo las mujeres suelen pasar por una crisis al cumplir los cuarenta años, también los hombres a esa edad sufren las consecuencias psicológicas, sobre todo, de tener que traspasar la frontera de esa década que más habla de madurez que de juventud. También para ellos, los hombres, comienza el declive físico con el que el tiempo pasa factura.
El hombre cuando cumple los cuarenta siente la necesidad de sentirse joven, porque se da cuenta de que un abandono a esa edad puede suponer una caída en picado hacia una forma física que transforme el cuerpo de forma inexorable.
Por ello, es normal que sea a esa edad cuando el hombre decida de una vez por todas apuntarse al gimnasio y comenzar una dieta más sana. Psicológicamente, el hombre experimenta que no solo su cuerpo sino también su felicidad y sus ilusiones están en juego y de no retomarlas a tiempo es posible que ya no vuelvan a la existencia de uno. Las responsabilidades de la vida familiar y laboral se hacen más pesadas por el simple hecho de volver la vista atrás y darse cuenta del poco tiempo que se ha dedicado para el ocio y la libertad que se ha desperdiciado en el camino. Problemas con la pareja La pareja ya no se percibe de la misma forma, pues posiblemente han pasado muchos años de matrimonio y es difícil adaptarse a los cambios que se producen entre uno y otro. Mientras uno comienza a tener deseos de libertad y a experimentar por su cuenta o con los amigos, sin necesidad de la compañía habitual de la pareja, siempre hay uno que tiene que acarrear con las tareas y responsabilidades diarias, pero ahora más solo porque será uno el que tenga que ceder ante esas ansias de libertad para seguir manteniendo la familia. Muchas de estas crisis que se producen en el hombre a los cuarenta conduce a la separación de la pareja, ya que éste experimenta unos deseos irrefrenables de libertad y de vivir aquellas situaciones que ha dejado pendientes, inmerso como ha estado hasta ahora en los asuntos que han protagonizado su vida. Entre estos impulsos irrefrenables no solo está el de mantener la juventud sino también el de vivir otros amores, volver a experimentar los amores pasionales de juventud, la sorpresa del enamoramiento con sus facetas más sensuales. El problema que conlleva esta mezcla de objetivos, juventud + amor, es que los hombres a esta edad se suelen enamorar de mujeres bastante más jóvenes que ellos. La juventud perdida![]() |
No se adaptan |
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La juventud perdida |
La consecuencia es que prendados de esta conquista que aumenta la estima y estimula la lívido, se abandona el hogar y lo que hasta entonces había representado los valores y los principios de esa persona se destruyen para dar paso a una vida incierta donde las probabilidades se encuentran más cerca de frustrarse que de llegar a buen término. Estas relaciones con mujeres jóvenes nublan la visión de los hombres hasta que comienzan a percibirse las casi siempre insalvables diferencias que les separan, comenzando por las generacionales que provocan a la larga falta de incomprensión y rechazo. Cuando se quiere volver a atrás es posible que ya sea demasiado tarde, pues la otra persona puede no perdonar a su ex pareja que la haya abandonado por una mujer más joven, situación que puede producir humillación, o simplemente que su ex mujer haya rehecho su vida con otra persona, es decir, que no haya perdido el tiempo en compadecerse. Estas circunstancias, el nuevo amor, la libertad recobrada... hace que los hombres a los cuarenta puedan llegar a sentirse más jóvenes y atractivos, sin embargo, debajo de estas crisis se esconden otras causas. Piensa antes de actuar Personalidades más inseguras, que no han experimentado situaciones realmente satisfactorias en su vida, suelen sufrirla. Por otro lado, también son causa de parejas que se han dejado llevar durante los años por una rutina excesiva y no han sabido crear estímulos gratificantes de ocio y tiempo libre. Antes de tomar cualquier decisión con respecto a nuestra vida cuando se cumplen los cuarenta y se intenta salir de la crisis es conveniente tener en cuenta qué es lo que podemos dejar atrás y qué es lo que podemos perder para siempre. Además, hay que ser conscientes de que la juventud, además de situaciones felices y sorprendentes, también tiene sus aspectos más dolorosos, provocados por la inseguridad y la falta de experiencia.
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La Reforma en el Vestido

1. "Es dañino para la salud y, por consiguiente, un pecado entre las mujeres llevar corsés, ballenas o comprimirse la cintura". Cómo Vivir, No. 6, pág. 57. 2. "Muchas mujeres estorban sus intestinos y sus caderas colgando sobre ellas faldas pesadas. Estas no estaban destinadas a sostener pesos... El vestido debería colgar de los hombros". Ibid, pág. 58. 3. ¿No debería el pueblo de Dios, que es su tesoro peculiar, tratar de glorificar a Dios por su vestido? Y, ¿no debería ser un ejemplo en el vestido, y por su sencillez reprobar el orgullo, vanidad y extravagancia de los profesos amantes del placer y del mundo? Ibid. 4. No deberían, sin embargo, ser "descuidados en su atavío,... y vestirse sin orden ni gusto". "Decencia y pulcritud" no se deben considerar como "orgullo". Ibid, pág. 58, 59. 5. "Sería agradable delante de Dios que hubiese mayor uniformidad en el vestido entre los creyentes". Ibid, pág. 58. 6. "El largo del vestido femenino que está de moda es censurable por varias razones... El vestido debería llegar más o menos debajo del borde de la bota; pero debería ser suficientemente corto para no llegar al suelo, sin ser sostenido". Ibid. pág. 62-64. 7. Cualquiera que sea el largo del vestido, las mujeres deberían cubrir sus extremidades inferiores como lo hacen los hombres. Lo pueden hacer llevando pantalones forrados unidos a una banda que pueda atarse a la altura del tobillo o bien ajustados en el extremo inferior, y deberían bajar lo suficiente hasta la altura del zapato". Ibid, pág. 64A los que censurarían este traje, considerándolo fuera de moda la señora White dice: ¿Y qué mal habría si lo fuera? Quisiera que pudiéramos estar fuera de moda en varios aspectos. Si pudiéramos poseer la fuerza "anticuada" que caracterizó a las mujeres del pasado sería mucho mejor. Ibid. pág. 64. Ella exhorta a las mujeres a manifestar una noble independencia, y valor moral para mantenerse en la vida correcta, aunque todo el mundo se oponga a ellas. Ibid, pág. 61, 62. "Los cristianos no deberían empeñarse en ser puntos de atracción vistiéndose de una manera diferente a la del mundo. Pero, si por mantenerse en conformidad con la fe y su deber en cuanto a vestirse modesta y saludablemente, se encuentran fuera de moda, no deben cambiar su modo de vestir para parecerse al mundo". Ibid, pág. 61. Esta era la situación cuando el pastor y la señora White hicieron su visita a la institución del señor Jackson en Dansville, New York. Se tomó una posición definida contra los aros. La señora White habló específicamente en contra de la adopción del "Traje Americano" por su falta de modestia, su semejanza con el atavío del hombre, que es contrario a la enseñanza bíblica, y por el perjuicio que ocasionaría en contra de los que tienen una verdad solemne que anunciar al mundo. Ella censuró los vestidos demasiado largos, y recomendó fuesen más cortos, de manera que no alcanzaran el suelo. Ella oró también para que el pueblo de Dios pudiese encontrar el término medio en estas cosas.
Observación FinalDurante su estadía de tres semanas en "Nuestro Hogar", la señora White y su esposo tuvieron oportunidad de observar de cerca el tipo de vestido que ella había formalmente declarado ser inconveniente para las Adventistas del Séptimo Día. Pudieron conocer mejor las razones de su adopción, por medio de charlas y escritos presentados por los doctores Jackson y Austin. Pero no cambiaron en nada su consejo original de que no era adecuado para las mujeres Adventistas del Séptimo Día. Es evidente, sin embargo, que dentro de sí tenían la profunda convicción de que deberían tratar de conseguir un modelo de vestido que fuera saludable en todo sentido y a la vez que no poseyera las características del "Traje Americano". El pastor White expresó su punto de vista en la siguiente forma: "En nuestro hogar, las damas llevan lo que se llama comúnmente el vestido corto, que es llevado muy frecuentemente en su forma extremista por mujeres espiritualistas de rostro y reputación dudosa. Estas cosas tienen tremenda influencia perjudicial en contra del incalculable valor de esta institución. Reconocemos los principios de los cuales surgieron las objeciones válidas acerca del estilo de vestido femenino actual, y buscamos una solución que preservará su apariencia femenina frente al mundo, y la defenderá del ridículo público y de su propia influencia. Pero nos oponemos seriamente a los vestidos de las mujeres, tan largos, que lleguen a transformarse en barrenderas de las calles, y creemos firmemente que los defectos existentes en su vestido pueden ser completamente removidos sin adoptar estos extremos que notamos a veces". Ibid No. 1, pág. 17. Necesidad de una Reforma en el Vestido Se reconoce igualmente la necesidad de una reforma en el vestido que debería adoptarse por las mujeres Adventistas del Séptimo Día, en una carta escrita por la señora White a unas amigas, durante el tiempo de su visita en Dansville. En forma sencilla comentó: "Tienen toda clase de estilos de vestidos aquí. Algunos son muy apropiados, si no son muy cortos. Tomaremos modelos de aquí y creo que conseguiremos un estilo más saludable que el que tenemos, y que no sea el pantalón o el traje americano. Voy a crear un estilo de vestido que concordará perfectamente con lo que me ha sido mostrado. La salud lo requiere. Nuestras mujeres débiles deben deshacerse de faldas pesadas y ceñidas si aprecian su salud..." "Nunca imitaremos a la señorita Austin o a la señora York. Se visten demasiado como hombres. No imitaremos ni seguiremos ninguna moda de las ya vistas. Instituiremos una moda que sea a la vez económica y saludable". E. G. White, Carta 1a., 1864. Según esta cita, notamos que aunque la señora White recibió instrucciones acerca de algunos principios que debían gobernar una reforma en el vestido, no se le dio revelación de un modelo específico, detallado. Más tarde consultó con otras hermanas de Battle Creek, Michigan, para buscar un traje que estuviera conforme a los principios y la fe de los Adventistas del Séptimo Día. Parece que era alrededor de ese tiempo, cuando trataban de conseguir un modelo cuyo estilo se situara en el término medio, que ella recibió una visión en la cual vio tres grupos de mujeres, cada uno con vestidos de diferente largo. Relacionado con esto escribió en 1867, en respuesta a una pregunta: El vestido que me fue presentado del segundo grupo era en varios aspectos como debería ser. Los miembros estaban bien cubiertos. Estaban libres de las cargas impuestas por la tirana moda del primer grupo; pero por ser demasiado corto había llegado a disgustar y sembrar perjuicio en las buenas personas, destruyendo así su influencia personal. Este es el estilo y la influencia del "Traje Americano" tal como fue enseñado y llevado a "Nuestro Hogar", Dansville, N. Y. No llega a la rodilla. No necesito decir que esta clase de vestido me fue indicado ser muy corto. "Un tercer grupo desfiló ante mí, de alegre aspecto y con paso libre y elástico. El largo de sus vestidos era del largo que yo había indicado ser aprobado, modesto y saludable. Quedaba siempre pulgadas por encima del suelo, bajo todas las circunstancias, tales como la de subir o bajar escalones, etc. Review and Herald, octubre 8, 1867. La Sra. White Prueba el Vestido En septiembre de 1865, la señora White se puso un vestido, que llevó durante un tiempo "excepto reuniones, en las calles atestadas de gente de los pueblos y ciudades, y cuando visitaba familiares poco íntimos". Ibid. Después de un tiempo lo llevaba en cualquier lugar y en cualquier momento. Varias mujeres adventistas del norte de Michigan siguieron pronto su ejemplo, y de varios lugares enviaron cartas de investigación. cuando ella notó que algunos enfatizaban el asunto más de lo normal, como algo de primera importancia, protestó: "La reforma en el vestido era uno de los detalles menores que contribuirían a la gran reforma en la salud, y nunca debería ser considerada como una verdad y una prueba indispensable de nuestra salvación. El plan de Dios era que en el momento preciso, en circunstancias apropiadas, las personas reconocieron sus beneficios como una bendición, y recomendaron la uniformidad y unión de acción". Ibid. "La defensa de la reforma en el vestido por la señora White, apareció trece años después que la señora Miller, la señora Stanton y la señora Bloomer hubieron iniciado el movimiento de reforma en el vestido en los Estados Unidos. Raros fueron los lugares del país en los cuales no se oyó la voz de sus partidarias. Encontró tantas defensoras capaces y honradas como también críticos y difamadores. Miles de mujeres se regocijaron al encontrar nueva libertad y salud. Sin embargo, con todo lo que se podría decir a su favor, la señora White presentó las razones por las cuales se le indicó que no convenía a los Adventistas del Séptimo Día, y se propuso ayudar a sus hermanas a encontrar y adoptar un estilo de vestido en armonía con lo que había sido enseñado, que evitaría los rasgos extremistas y desfavorables de la reforma en el vestido del mundo, al mismo tiempo que les daría libertad de acción y las haría saludables en todo sentido. Ella no estaba, pues, introduciendo o iniciando un estilo de vestido que era tan ridículo y extraño como para merecer la crítica que algunos en años siguientes llegaron a presentar en una forma que lo hizo creíble a los que desconocen las circunstancias aquí presentadas. En el Instituto de Salud Los médicos del Instituto de Salud desde el principio habían notado la necesidad de un estilo de vestido conforme a los principios correctos, diciendo que "no era solamente deseable, sino necesario en el tratamiento de algunos casos; y que de otra manera era inútil y erróneo atender dichos casos sin adoptar lo que ellos tenían la seguridad de que era esencial para que las curaciones fueran efectivas". Vieron también que si no se adoptaba un vestido saludable. cierta clase de personas que más necesitaban los beneficios del Instituto tendrían que ir a otras instituciones, donde podrían ser libradas de la "moda predominante e incómoda". El Reformador de la Salud, marzo, 1868. Al principio las normas generales del vestido saludable, y la persona interesada determinaba el largo y apariencia del atavío de acuerdo a su gusto y decisión. A la vez que tal diversidad tenía sus inconvenientes, permitía poder observar y comparar un número de modelos, y de seleccionar las mejores características de cada uno para constituir un estilo y largo uniformes. El pastor J. H. Waggoner relató cómo fue hecho: Atendiendo a su solicitud, los médicos del Instituto nombraron a un número de sus compañeros cuyos vestidos eran considerados como los mejores por su estilo y apariencia. Entonces se "midió la altura de doce, incluyendo la distancia de sus vestido al suelo. Variaban entre cinco pies y cinco pies siete pulgadas, y la distancia entre el borde del vestido y el suelo era de ocho a diez y media pulgadas. El término medio, nueve pulgadas, fue elegido, como correcto, y adoptado como modelo". Ibid. El estilo de vestido adoptado por el Instituto de Reforma Pro-Salud fue el modelo más usado no solamente entre las mujeres Adventistas del Séptimo Día, sino entre las de otras iglesias. Sin embargo, la señora White no presionó excesivamente la adopción de la reforma en el vestido. "Nadie debe temer" escribió, "que convierta la reforma en el vestido en uno de mis principales temas al viajar de un lugar a otro... No animaré, ni condenaré a nadie. Este no es el trabajo que se me ha designado". Testimonies for the Church, vol. 1, pág. 323. Discusión Acerca del Vestido en las Iglesias Los pastores, a medida que visitaban las iglesias, consideraban el nuevo estilo de vestido como un factor importante en la reforma pro-salud, y le daban lugar en sus sermones. Cuando informaban de su trabajo, a menudo aludían a la favorable recepción de esta parte del mensaje. Así, el pastor D. M. Canright, comentando acerca de una reunión especial en Portland, Maine, escribió: "La modestia del vestido corto no es la menor cosa a considerarse...Con la reforma en el vestido se evita toda exposición. Después de haberlo visto, pienso que es el vestido más modesto que yo haya contemplado, y no soy el único en opinar así". "Todas estas cosas fueron discutidas libremente aquí. Casi todos optaron favorablemente por él, y otros tenían muy pocas objeciones al respecto... La mayoría de las hermanas decidieron adoptarlo. Mi esposa, que lo lleva, les ayudó a confeccionar los suyos. Han adoptado la reforma pro-salud completamente". Review and Herald, junio 18, 1867. Durante cuatro años o más se escribió mucho en nuestras publicaciones denominacionales acerca de las ventajas que resultaban del uso consistente del vestido saludable. Muchas, voluntaria y alegremente, adaptaron sus vestiduras para conformarse a los principios de salud y de modestia que habían sido diseñados por la reforma en el vestido saludable." Pero su aceptación no fue general, y hubo oposición y crítica. Algunos olvidando "que no se debía obligar a nadie a llevar el vestido de reforma" trataron de controlar la conciencia de otros. "Para los extremistas, esta reforma parecía constituir la suma y la sustancia de su religión. Era el tema de conversación y la carga de sus corazones... En vez de aceptar el vestido por sus ventajas reales, parecían estar orgullosos de su peculiaridad". La señora White escribió esto en 1881, respondiendo a la pregunta, ¿por qué este vestido ha sido puesto a un lado? y prosiguió: "Para aquellas que lo llevan a regañadientes, por deber, es un yugo pesado. Para otras que aparentemente eran las reformadoras más entusiastas, manifestaban una triste falta de orden y pulcritud en su vestido". Testimonies for the Church, Vol. 4, pág. 636. Por consiguiente, "porque lo que había sido dado como una bendición se convirtió en maldición, la carga de defender la reforma fue quitada". Manuscrito de E. G. White, 167, 1897. NOTA: Algunos pueden preguntar, "¿Acaso Dios rebaja alguna vez sus principios según la conveniencia de los gustos y antojos de la gente? El pastor G. I. Butler, hablando de la reforma en el vestido, responde a esta pregunta: "El Señor acomoda sus requerimientos de acuerdo a las características de la gente, aun cuando preferiría que hicieran algo diferente o mejor. Aunque no siempre actúa así o lo hace respecto a alguno de sus requerimientos; sin embargo, en asuntos de menor importancia y porque así conviene en el momento, aun cuando El ha recomendado un mejor método, permite a veces que sigan su propia decisión, aunque comprueba que siempre es menos provechoso que si se hubiese actuado de acuerdo a su dirección. Nos proponemos comprobar esto muy claramente". Se citan varios textos como: La provisión de carne dada por Dios a Israel, cuando murmuraron por causa del maná, (Números 11), y el permitir a Israel tener un rey, aunque no era el plan original de Dios (1 Sam. 8). "Adoptar un Vestido Sencillo Sin Adorno" Sin embargo, sigue recomendando que las mujeres Adventistas del Séptimo Día "adopten un vestido sencillo, sin adornos, de un largo modesto", y sugiere "otro estilo menos objetable". Este consiste en "una chaqueta suelta y una falda, la segunda, suficientemente corta para impedir que se cubra de lodo y de polvo". Debería de ser "libre de adornos innecesarios, de flecos y delantales atados por la espalda". Testimonies, vol. 4, pág. 640. La señora White llevó personalmente esa clase de vestido al final de su vida, pero deploró toda tentativa de imponerle a otros un estilo uniforme. Cuando años más tarde, algunas hermanas muy conscientes pensaron que se debía emprender un movimiento para restaurar la "reforma en el vestido", y animar su adopción general, ella sinceramente aconsejó en contra de ésto. Trató de corregir una impresión errónea, diciendo: "Algunas pensaron que el modelo dado era exactamente el que todas debían aceptar. No es así. Pero algo tan sencillo como esto sería lo mejor que pudiéramos adoptar bajo estas circunstancias. No me ha sido dado un estilo preciso como regla exacta para guiar a todos". E. G. White, carta 19, 1897. Para este tiempo, los estilos prevalecientes habían cambiado y eran ya más sensatos y saludables, y no había razón para alejarse mucho de las costumbres establecidas en cuanto al vestido. Considerando este hecho, la señora White habló firmemente contra el intento de "distraer la mente de la gente y de crear conflictos en cuanto al asunto del vestido". Ella aconsejaba: "Que nuestras hermanas se visitan modestamente, como lo hacen muchas, con vestidos de un buen material, durable, modesto, apropiado para este tiempo, y que el asunto del vestido no llene la mente". Ibid. PRINCIPIOS DIRECTIVOS DE LA REFORMA EN EL VESTIDO SEÑORA E. G. DE WHITE En respuesta a las preguntas que me han sido hechas recientemente en cuanto a resumir la causa de la reforma en el vestido, diría que los que han estado agitando este asunto pueden estar seguros de que no han sido inspirados por el Espíritu de Dios. El Señor no me ha indicado que es el deber de nuestras hermanas regresar al uso del vestido de la reforma. Las dificultades que enfrentamos alguna vez no deben ser traídas de nueva cuenta. No debe haber ahora divisiones en cuanto a tipos particulares de vestido. Seguirán apareciendo cosas nuevas y extrañas para conducir al pueblo de Dios a una falsa excitación, reavivamiento religioso y desarrollo curioso; pero nuestro pueblo no debería estar sujeto a ninguna prueba de invención humana que creara conflictos de todas clases. En el pasado la defensa de la reforma en el vestido significó una lucha a cada paso. Para algunos no había uniformidad y gusto en la preparación del traje, y los que rehusaron adoptarlo causaron disensión y discordia. Así la causa fue deshonrada. Porque lo que había sido dado como una bendición se cambió en maldición, la carga de defender la reforma en el vestido fue quitada. Hay ciertas cosas que hicieron de la reforma en el vestido una bendición. Con ellas los ridículos aros que estaban de moda no se podían llevar; ni las faldas largas que barrían las calles. Pero en años más recientes el mundo adoptó un estilo de vestido más sensato, que no incluye estas características objetables; y si nuestras hermanas desean confeccionar sus vestidos de acuerdo a estos modelos sencillos, no deshonrarán a Dios. No se Necesita un Estilo Uniforme Algunas pensaron que la falda y la chaqueta mencionada en Testimonios, volumen 4, pág. 640, era un modelo que todas debían adoptar. No es así, pero se debería usar algo tan sencillo como ésto. No se me ha dado un estilo específico como regla exacta para guiar a todas en su modo de vestirse. Si nuestras hermanas piensan que deben adoptar un estilo de vestido uniforme se suscitará una controversia, y las mentes de las que deberían dedicarse completamente a la obra del mensaje del tercer ángel estarían ocupadas luchando agresivamente por el asunto del vestido, descuidando la piedad interior, el adorno de un espíritu manso y tranquilo, que es de gran precio delante de Dios. No Debe Ser Nuestra Verdad Presente El asunto del vestido no debe ser nuestra verdad presente. Al enemigo le gustaría crear dificultad por causa de este punto. Se deleitará en tener la mente distraída en cualquier tema que le permitiera crear división de sentimientos, y guiar a nuestro pueblo en controversias. Le pido a nuestro pueblo que ande con cuidado y temor delante de Dios. Que siga las costumbres en el vestir hasta donde se conformen con los principios de salud. Que nuestras hermanas se vistan con modestia, como lo hacen varias, con ropa de material bueno, durable, apropiado para este tiempo, y que no dejen que el asunto del vestido llene sus mentes. Nuestras hermanas deberían vestirse con simplicidad. Deberían llevar ropa modesta, con pudor y sobriedad. Den al mundo un testimonio vivo del adorno interior de la gracia de Dios. Colóquense bajo la disciplina de los oráculos vivos de Dios, sujetando su mente a las influencias que forman el carácter rectamente. Metas de Vida a Alcanzar Nos estamos acercando al final de la historia de este mundo. Estamos enfrentando conflictos tremendos, tempestades de disensiones de las cuales pocos soñarían; y todo nuestro tiempo y poder de pensamiento deben estar centrados en los acontecimientos que tenemos por delante. Dios tiene pruebas para este tiempo, y tienen que permanecer firmes y sin error. Es demasiado tarde ahora para entusiasmarse con cualquier prueba de origen humano. La gran prueba para este tiempo es en cuanto a los mandamientos de Dios, especialmente el sábado, y no se debe permitir que nada ocupe la mente y el corazón impidiendo la preparación necesaria para afrontarla. El pueblo de Dios ya deshecho será probado en todo lo que pueda soportar. La prueba del sábado será dada a todo el mundo. No necesitamos que se de nada ahora como prueba de Dios, que hará su prueba más severa aún... Que nuestras hermanas presten atención a la palabra de Dios ellas mismas. No empiece la obra de reforma hasta que usted mismo la practique. Usted no puede cambiar el corazón. Adoptar un estilo de vestido diferente no lo hará. Tampoco la dificultad reside en que la iglesia necesita conversión cada día. Hay muchas cosas que vendrán para probar esas pobres almas engañadas, muertas espiritualmente y amantes del mundo. Tendrán grandes pruebas. Que no hayan pruebas humanas, porque Dios ya ha provisto pruebas para ellas. Si prestan atención a sus consejos y advertencias, humillan sus almas delante de El, y le dejan ser el objeto de su adoración, El las recibirá misericordiosamente. La obra del Espíritu de Dios operará un cambio visible. Los que se aventuran a desobedecer las enseñanzas más claras de la inspiración, no escucharán a ningún humano que las induzca a llevar un vestido modesto, pulcro, sin adornos y adecuado, que en ninguna manera las hará resaltar como diferentes. Seguirán exponiéndose, desplegando sus colores frente al mundo. Algunas no Obedecerán Algunas nunca regresarán a su primer amor. Nunca dejarán de hacer del yo un ídolo. Con toda la luz de la Palabra de Dios brillando en su sendero, no obedecerán a sus directivas. Seguirán sus propios gustos y harán lo que les plazca. Estas hermanas dan un mal ejemplo a la juventud, y a los recién convertidos en la fe, porque ellos ven poca diferencia entre su vestimenta y la del mundo. A los que hacen del yo su ídolo, no se les deberían presentar pruebas de orden humano, pues esto les dará únicamente una excusa para dar el último paso hacia la apostasía. No saben a quien están sirviendo. El conocimiento y el poder pertenecer a Dios. El culpable ignorante debe conocer su propia condición. Debemos esperar pacientemente, y no desmayar o desanimarnos, porque Dios ha planeado todo. Mientras estamos agobiados y deprimidos, pero esperando con paciente sumisión, nuestro ayudador invisible hará la obra que no podemos ver, y en su providencia dirigirá acontecimientos que operarán reformas, que separarán a estos miembros, amantes del mundo, de los creyentes. El Señor sabe cada caso y como actuar en cada uno de ellos. Nuestra sabiduría es limitada hasta cierto punto, mientras que la sabiduría infinita comprende el fin desde el principio. Nuestro tiempo de prueba es muy corto. Se hará una obra corta en la tierra. Las pruebas de Dios vendrán; su probatoria será decisiva y determinante. Que cada alma se humille delante de Dios, y se prepare para lo que nos espera. Que las hermanas conscientes que aceptan la obra de la reforma en el vestido anden con circunspección, y laboren de acuerdo con la carga del mensaje para este tiempo. La entrega del corazón, del alma y del espíritu; en obediencia a los mandamientos de Dios, es como un hilo de oro que ata las cosas preciosas de Dios y revela su valor en el tiempo de prueba. Por consiguiente digo a mis hermanas: no participen en ningún conflicto en cuanto al atavío exterior, pero estén seguras de poseer el atavío interior de un espíritu manso y tranquilo. Que todos los que acepten la verdad enseñen sus colores verdaderos. Somos un espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres. La prudencia falsa, la modestia fingida se puede notar por el atavío exterior, mientras que el corazón necesita grandemente el atavío interior. Permanezcan siempre comprometidas con la verdad. La Prueba Verdadera No mire alrededor para ver si no hay pruebas que puedan ser dadas al pueblo de Dios. Dios ha puesto una prueba - el sábado del cuarto mandamiento. "Guardaréis mis sábados: porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico...Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por pacto perpetuo: Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó". Exodo 31:l3, 16, 17. Todos los que traen a la observancia del sábado un corazón consagrado a Dios, encontrarán que el día santificado por el Señor es más para ellos de lo que hubieran imaginado. "Yo soy Jehová que os santifico". Exodo 3l:13. Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras: Entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre: porque la boca de Jehová lo ha hablado". Isa. 58:l3, l4 - E. G. White, Manuscrito l67, l897. NOTA: Estas declaraciones están sacadas de La Historia de Nuestro Mensaje de Salud.
CAPITULO 9 "La Popular Reforma en el Vestido" 10 "La Búsqueda de Moderación" 13 "El Ministerio como Maestro de Salud"Oficina de Publicaciones White Conferencia General Washington,12, D. C. Febrero, 1950 Traducido en el Centro de Ellen G. White Montemorelos, N. L., Takoma Park, México Agosto, 1979